Huevos encapotados. Reto de Tía Alia

Huevos encapotadosCuando vi que el reto de Tía Alia era esta receta (o huevos saturados de bechamel, como aparece en la receta original), me dije que esta vez sí que participaba, pues llevaba tiempo con muchas ganas de hacerlos. No los había probado nunca, y me parecían de lo más apetecibles.

Pues bien, ha llegado el momento. Los he hecho, y he de decir que están buenos, pero… creo que es demasiado trabajo para el resultado que obtienes, pues son más complicados de hacer que unas croquetas (la manipulación del huevo con la bechamel es demasiado delicada, tanto a la hora de empanar como a la hora de freír), y el sabor es demasiado suave. No deja de ser el sabor de un huevo con bechamel…

Reconozco que sí que tiene gracia abrirlo y ver cómo se desparrama la yema con una textura melosa y aterciopelada, y tienen un punto original, al menos para el que no los haya comido nunca. Personalmente, les añadiría algo para darle un poquito de Rock and Roll, como se dice ahora. Parmesano, jamón ibérico en lascas, unas setas salteadas y muy picaditas… Pero como todo, va en función de gustos, así que lo dejo a vuestra imaginación.

Lo que sí haría en una próxima vez, sería usar huevos de codorniz en lugar de huevos de gallina. Al ser más pequeños, a parte de conseguir una presentación más divertida, serán mucho más fáciles de manipular, y quedarán geniales como aperitivo.

Ingredientes (4 personas)

  • 35 gr de aceite de oliva virgen extra
  • 35 gr de mantequilla
  • 100 gr de harina
  • 1 l de leche entera o semi desnatada
  • ½ cebolla
  • Sal
  • Nuez moscada rallada
  • Pimienta negra (opcional)
  • 4 huevos L más uno para empanar
  • Pan rallado fino
  • Aceite de oliva para freír

Elaboración

Fríe los huevos a fuego medio, para que no les salgan puntillas ni se haga del todo la yema. Ponlos sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite, y recorta los salientes para dejarlos lo más redondos posible. Si eres perfeccionista, puedes poner un aro de emplatar de entre 8 y 10 cm en la sartén con el aceite, asegurándote de que está bien engrasado por dentro, y freír el huevo dentro, echando alguna cucharadita de aceite que otra para que se haga por arriba. Con cuidado, y pasando un cuchillo por el borde del huevo para asegurarte de que está totalmente despegado, retira el aro (estará muy caliente, por lo que puede que tengas que cogerlo con unas pinzas) y deposita el huevo, perfectamente redondo, sobre el papel de cocina.

Cuando tengas los cuatro huevos fritos, déjalos enfriar totalmente.

Pica muy menuda la cebolla.

Calienta el aceite y la mantequilla en una sartén profunda o en una cazuela, y añade la cebolla.
Sofríe lentamente hasta que esté blanda y empiece a tomar color. Mientras, calienta la leche sin dejar que hierva.

Añade la harina, remueve bien y deja que tueste durante al menos dos minutos, removiendo para que no se queme, a fuego medio.

A continuación, vierte la leche de golpe, y sin perder un instante bate enérgicamente con un batidor de varillas, para que se integre todo bien. No dejes de batir hasta comprobar que no hay grumos. Espesará enseguida (si la leche estaba lo suficientemente caliente). En ese punto añade sal y nuez moscada al gusto, aunque sin pasarse, pues luego se intensifican los sabores. Cuando veas que ya tiene la consistencia de una bechamel espesa, como para croquetas, ya está lista.

En una bandeja, ligeramente engrasada con un papel mojado en aceite, extiende una capa de bechamel en la que veas que puedes colocar los cuatro huevos. A continuación, coloca los huevos encima, dejando espacio en torno a ellos, y cúbrelos cuidadosamente con más bechamel, hasta dejarlos totalmente “encapotados”.

Deja enfriar la bechamel, y cuando esté lo suficientemente atemperada, mete la bandeja en la nevera hasta que haya endurecido lo suficiente como para poder manipularla.

Cuando llegue la hora de la comida o cena, saca la bandeja de la nevera y pon aceite a calentar en una sartén pequeña.

Bate un huevo, y ten a mano un plato hondo lleno de pan rallado.

Con un cuchillo, marca un círculo alrededor de cada huevo, sin pisar las claras, y saca las cuatro unidades. Pasa con mucho cuidado cada uno por huevo batido y después por pan rallado, y fríelos de una en una, en aceite bien caliente para que no se abran.

Una vez fritos, pon los huevos sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite, y sirve con la guarnición que prefieras.

Anuncio publicitario